Visión en túnel

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EfectoTunelEspero que esta mañana tengamos muchos avisos. Le entiendo perfectamente, cuando completé el período de aprendizaje y comencé a conducir ambulancias yo también deseaba ponerme al volante una y otra vez para experimentar esas sensaciones tan características y practicar lo aprendido. No acaba de transcurrir la primera hora de guardia cuando surge una aviso que satisface a la perfección sus expectativas: tanto el trayecto desde la base hasta el lugar como desde allí hasta el hospital son aparentemente sencillos. Inmediatamente, el flamante conductor, otro compañero y yo salimos hacia el lugar con las luces de prioridad activadas.

El rugido del motor se torna más y más agudo, puesto que los cambios de marcha se producen a muchas revoluciones, cuando la electrónica interrumpe la inyección de gasóleo. Asumo mi papel de conductor-tutor: durante los primeros minutos el motor todavía está frío, por lo que conviene circular en marchas más largas para no forzarlo. Su respuesta, un lacónico “ya, ya” no llega a confirmarme que lo haya procesado. La pendiente de la autovía parece empujar con fuerza el vehículo, y la aguja del velocímetro comienza a entrar en una región peligrosa. No es necesario ir tan rápido -explico- el aviso no parece grave, y aunque lo fuera necesitamos garantizar que llegaremos. “Ya, ya”. La sensación de velocidad se acentúa al rebasar a un camión que circula por el carril derecho de la autovía. ¡Blam! De súbito, una enorme mano invisible parece sacudir lateralmente el furgón. Continuar leyendo »

Cambio de planes

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TunelAcostumbrados a las velocidades con las que acudimos a las emergencias, los relajados límites legales hacen que uno de los túneles de la autopista subterránea de la capital -la conexión más rápida entre el hospital y la base- aparente ser interminable. Mas cada norma suele tener su sentido: he de pisar el freno bruscamente al descubrir un cúmulo de vehículos detenidos en el centro de la calzada unos metros más adelante. Al tiempo que pulso instintivamente los interruptores que activan los lanzadestellos, escudriño la cabeza de la retención distinguiendo un pequeño turismo sin daños aparentes detenido en el carril central.

Heihachi -el segundo técnico de la unidad- y yo no necesitamos más. Detengo la UVI móvil en posición oblicua, con objeto de proporcionar un área de seguridad lo más amplia posible, y le propongo un plan que sé que aceptará de buen grado, pues él es el experto en mecánica: Estamos fatal en medio del túnel ¿Le echas un ojo a ver si se puede mover, mientras yo señalizo? Y, de acuerdo a lo previsto, él se acerca al vehículo averíado, ahora transformado en un peligroso obstáculo, y yo me hago con los conos luminosos y corro unos metros contra el tráfico para advertir con antelación a los conductores del bloqueo, al tiempo que solicito telefónicamente la presencia de los agentes de intervención de Calle30. En el interior de la unidad, Némesis cuestiona nuestro trabajo, según su interlocutor me relataría después. ¿Por qué se bajan esos dos? Que más nos dará que haya uno ahí parado. Espera -responde confiadamente Maestro- saben lo que hacen. Continuar leyendo »

Cosas del directo

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WalkieUno de los muchas aspectos de los que puede presumir mi organización de voluntariado es la disciplina en las comunicaciones: esta cuestión aparentemente secundaria supone una gran ayuda en la actividad habitual y proporciona la seguridad de estar en permanente contacto con la central, especialmente útil cuando la situación se complica. El rígido protocolo de petición de acceso, el uso de códigos y la formalidad en el lenguaje logran la coordinación de todos los equipos de la Comunidad de Madrid mediante un solo canal, y el sistema en abierto permite que cada uno conozca en todo momento la situación del resto.

Hoy, el silencio en la red de radio habla por sí mismo. Parece que está la mañana tranquila, comento a mis dos compañeros de guardia. Las ambulancias de nuestra zona permanecen disponibles en sus bases, lo que disminuye la probabilidad de que tengamos que acudir a avisos por estar ocupadas. La confianza que da compartir dotación con un equipo a toda prueba y el tiempo que hace que no coincidimos provoca que aprovechamos la guardia para ponernos al día de nuestras aventuras, asemejándose el ambiente más al de una reunión de amigos que al un entorno laboral, salvo por las bebidas alcohólicas que tendremos que aplazar hasta el fin del turno. Podríamos aprovechar para ir a tomar algo antes de comer, sugiero. Ambos secundan animadamente la propuesta , pero una llamada interrumpe bruscamente los planes. Continuar leyendo »

Némesis

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VelasNo acostumbro a tener problemas para conciliar el sueño, pero esta noche soy incapaz de barrer de mi mente las funestas predicciones para la guardia de UVI móvil de mañana. Las características tan particulares de nuestro trabajo lo hacen mucho mejor o mucho peor que uno convencional según el prisma con el que se mire, y la enfermera que nos acompañará parece centrarse exclusivamente en la parte negativa, al contrario de lo que nos ocurre al equipo habitual.

Aunque sucedió varios meses atrás, recuerdo perfectamente la escena: empujo la camilla a través los pasillos del hospital, tratando de evitar toda brusquedad pues trasladamos una joven embarazada. Me doy cuenta de que la susodicha compañera trata de colgar su mochila de una de las agarraderas con objeto de liberarse de su peso, e inmediatamente le pido que no lo haga pues allí se encuentran las palancas de plegado de las patas, que podrían ser accionadas involuntariamente. Unos instantes después, mientras busco con la mirada el camino hacia la salida, un brusco movimiento de la camilla sacude mis manos, y observo con terror como las patas delanteras ceden provocando que la parte delantera de la camilla choque violentamente contra el suelo. Continuar leyendo »

Expectativas

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ExpectativasPor primera vez en toda la tarde soy consciente de mis párpados al pestañear. Busco con la mirada la brillante bolsa que contiene frutos secos y, tras encontrar en su lugar un cuenco rebosante de cáscaras, la localizo vacía en la papelera. En cuanto se muestra en la pantalla el conocido rótulo de  “To be continued…”, aprovecho el receso para formular mi propuesta a Jesús: Podíamos bajar a reabastecernos, y de paso estirar las piernas. La moción es aceptada, por lo que extraigo con dificultad la espalda del puf, que ya había adoptado mi forma, y creamos un hueco sobre la mesa para recibir los aperitivos que nos acompañaran en la segunda parte de la sesión vespertina de series.

Los rayos del sol golpean en nuestros rostros al abandonar su portal, forzándonos a entrecerrar los ojos. Adoro estas tardes de Sábado libres tan relajadas -medito relajadamente- son mi interpretación personal de “la felicidad en las pequeñas cosas”. Desde el exterior del comercio podemos apreciar como el tendero prepara el surtido habitual tras advertir nuestra inminente llegada. A punto de acceder, llama nuestra atención un reducido grupo de gente en la acera, a la altura de la cafetería tres locales más allá; en su centro distinguimos sin mucho esfuerzo una persona tumbada. Al instante un impulso eléctrico sacude mi espalda: a trabajar. Continuar leyendo »

Cadena de decisiones

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Accidentada¿Te parece bien que conduzca yo? Parece que, pese a ser enfermero desde hace ya un tiempo, no ha perdido la afición por el volante, que ahora disfruta como voluntario. Perfecto -respondo, para inmediatamente dirigirme a nuestra compañera, también enfermera- entonces quedamos tú y yo en la perrera. ¿Vas de responsable? Prefiero que vayas tú -responde ella, mientras se afana en rellenar los papeleos de comienzo del servicio- al fin y al cabo tienes más experiencia. Aunque de voluntarios todos trabajamos como técnicos no puedo evitar cierta sorpresa al coordinar un equipo de dos diplomados sanitarios. Las decisiones se toman de forma colaborativa, pero siempre conviene que alguien tenga la última palabra, con objeto de evitar pérdidas de tiempo y vaivenes en el rumbo de la intervención. La “perrera”, por cierto, es el nombre cariñoso de la cabina asistencial, donde los técnicos que no conducen viajan mientras atienden al paciente.

¿Balón reanimador adulto? Está. ¿Pediátrico? Está. ¿Colchón de vacío? Está. ¿Dónde cogemos la cena? pregunta mi compañera, levantando la mirada de la carpeta de revisiones. BASE 23 DE CENTRAL. Habrá que decidirlo luego, contesto innecesariamente, pues todos hemos oído el bramido de la llamada a través de la megafonía. La experiencia del conductor nos permite alcanzar el destino en escasos minutos, y ya escaleras arriba una mujer reclama nuestra ayuda desde la entrada de su vivienda; lo azorado de su gesto hace presagiar la gravedad de la situación. Continuar leyendo »

Indagar

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ToledoAcelerador, freno. Acelerador, freno. En una suave pero interminable sucesión. Los atascos en un vehículo particular me desesperan, pero durante el recorrido entre el hospital y la base no suponen un problema, ya que la grata compañía sobrelleva la espera. Si surge un aviso ya nos avisarían, y entonces nos liberaríamos del bloqueo usando la escandalosa señalización de prioridad. La emisora parece leerme el pensamiento, pues interrumpe el viaje pitando como un pájaro enfurecido. Uviseis, os necesitan en el número siete de la avenida de Barcelona, un hombre tirado en el portal, en cuanto sepamos algo más os lo comunicamos.

Esa no la tienes que buscar en el callejero ¿Verdad? comenta Eva, la médico, mientras acciono los interruptores y piso con decisión el acelerador. El pesado furgón hace de culebra para deshacerse del embotellamiento como por arte de magia, mientras una vez más tomo las riendas de la excitación para mantener la concentración en su punto máximo. Jamás me podría cansar de esto. La precisión en el pilotaje permite que alcancemos el lugar antes de recibir más información sobre lo sucedido, por lo que nos adentramos en el portal del majestuoso edificio con precaución. En su interior, el portero de la finca ayuda a un hombre a recostarse sobre la pared. ¿Qué le ha ocurrido? inquiere nuestra doctora. No lo sé… ¿Cómo he llegado aquí? Continuar leyendo »

Reinicio

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CuestaEl suave comienzo de una melodía se introduce sin permiso en mis sueños desde el altavoz del móvil y me arrastra al aparentemente terrible mundo real. Giro sobre mi mismo extendiendo un brazo que alcanza inesperadamente el colchón. Mierda. Esta noche también dormía en casa de sus padres. Mediante un exagerado esfuerzo despego los párpados y me encamino al baño.

Pensamientos fluyen como el agua que recorre mi rostro antes de precipitarse al desagüe de la ducha. No puedo volver a perderla. Ya seco pero todavía afectado por la madrugada, otra preocupación me embarga al dirigir una desalentadora mirada hacia los dispositivos electrónicos que se entremezclan con diversa documentación sobre el escritorio. Tengo que encontrar la salida al proyecto fin de carrera o se enquistará para siempre. Relleno la alforja y completo la preparación engullendo un par de galletas. Una rápida comprobación al tacto de que hoy tampoco he olvidado afeitarme y salgo de casa. Continuar leyendo »

Resucitar

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ResucitarTras recibir los datos del aviso, la mirada que intercambio con Martes lo expresa perfectamente: ninguno de los dos deseamos volver allí. Apenas han transcurrido dos semanas desde la agresión, las carreras y el tiro al blanco en el centro de internamiento de menores, pero durante ese tiempo hemos consensuado con la directiva de nuestra empresa que esperaremos a los pacientes en el exterior del centro. Es el momento de ver si resulta el plan.

En la entrada nos reciben varias furgones de la Unidad de Intervención Policial. Parece un lugar seguro para detener nuestra furgoneta, de aspecto vulnerable frente a las intimidatorias armaduras de los vehículos que la rodean. Central, avisad de que estamos en el punto acordado esperando al paciente. Al minuto un trabajador del centro sale a nuestro encuentro: ¡Vamos, por qué no pasáis!, exclama antes de alcanzarnos. La última vez que entramos nos agredieron, por lo que acordamos esperar aquí a que lo traigáis ¡No podemos, está sin conocimiento! Continuar leyendo »

Catecolaminas

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WarpEstá muy mal. El desasosegado gesto del médico me confirma que es perfectamente consciente de la información: el corazón del anciano paciente ha comenzado a fallar, provocando que la sangre se remanse en los pulmones y éstos se empapen de líquido, limitando enormemente el aire que es capaz de recoger. Afortunadamente, en la residencia de ancianos desde la que nos han llamado contamos con la ayuda de una enfermera recién titulada que casualmente acudía a visitar a un familiar.

Conozco bien los pasos que siguen a la primera valoración: solicitar ambulancia, oxígeno, medicación para eliminar líquidos, sentar al paciente… En UVI móvil es un caso relativamente frecuente que se afronta con ciertas garantías, pero en nuestro caso -personal no especializado en emergencias y con medios para asistencias menos graves- la situación exige el máximo. Trabajosamente deslizamos al paciente hasta el borde de la cama en la que yace para incorporarle, pero en ese momento el maravilloso sistema que ha permanecido bombeando incansable durante 89 años simplemente desiste. Continuar leyendo »

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